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Terça, 16 de agosto de 2022
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América Latina

Iglesia Católica beatifica a dos sacerdotes asesinados por militares en El Salvador

El sacerdote jesuita salvadoreño Rutilio Grande y el italiano franciscano Cosme Spessotto, asesinados por militares en el preludio de la guerra civil

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El sacerdote jesuita salvadoreño Rutilio Grande y el italiano franciscano Cosme Spessotto, asesinados por militares en el preludio de la guerra civil (1980-1992) de El Salvador, fueron beatificados hoy junto a dos laicos en la capital del país por su martirio en defensa de los pobres y perseguidos.

Al menos 6.000 fieles se congregaron hoy en la plaza Divino Salvador del Mundo para la ceremonia, que fue presidida por el cardenal salvadoreño Gregorio Rosa Chávez, en representación del papa Francisco.

Un gran templete con un techo de palmas, como símbolo de sencillez, fue levantado para el evento, en el que se exigió el uso de barbijo a los asistentes para prevenir contagios de Covid-19.

Durante el acto, se presentaron reliquias de los sacerdotes asesinados: un pañuelo blanco manchado de sangre que Grande portaba el día de su muerte y una manta blanca también ensangrentada con la cual se cubrió el cadáver de Spessotto.

Según la Iglesia, estas reliquias representaron la presencia de ambos sacerdotes en su beatificación.

«El hecho de que oficialmente la iglesia los acepte como mártires es que su vida fue correcta, se arriesgaron por ayudar a los pobres y fueron fieles a una llamada (de servicio) que les costó la vida», dijo Rosa Chávez, en declaraciones a la agencia de noticias AFP.

En plena Guerra Fría, cuando El Salvador vivía una agitación social reprimida por los militares, Grande mantuvo «una palabra enérgica y cuestionante» y Spessotto el valor de «enterrar» a los muertos que los militares dejaban como escarmiento en las calles, señaló el cardenal.

Antes de la ceremonia de beatificación, una serenata de mariachi tuvo lugar ante la iglesia en donde reposan los restos de Grande y los dos laicos que murieron junto a él.

Grande fue asesinado el 12 de marzo de 1977 junto al sacristán Manuel Solórzano -de 72 años- y Nelson Rutilio Lemus -de 16 años-, mientras atravesaban en su vehículo una carretera del municipio El Paisnal, 40 km al norte de San Salvador.

El asesinato de Grande conmovió al entonces arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, y lo impulsó a salir en defensa de los oprimidos por los cuerpos de seguridad del Estado y los fatídicos escuadrones de la Muerte.

Su homicidio supuso, en consecuencia, el inicio de la persecución al clero salvadoreño que denunciaba la injusticia social imperante.

Tres años después de su muerte, fue asesinado el arzobispo Romero, el 24 de marzo 1980, mientras celebraba la eucaristía en la capilla del hospital Divina Providencia de la capital.

Y poro después, el 14 de junio de 1980, fue asesinado Cosme Spessotto en la iglesia de San Juan Nonualco, situada a 54 km al sureste de San Salvador, donde fue párroco durante 27 años.

En El Salvador, además de monseñor Romero, canonizado en 2018, fueron asesinados el obispo militar Joaquín Ramos, una veintena de sacerdotes y miles de laicos. La gran mayoría de los crímenes permanecen impunes.

Tal es el caso de los asesinos de Grande y Cosme Spesotto: «En ambos casos fueron agentes del Estado; en el caso del padre Cosme, la Policía de Hacienda, y a Rutilio, la Guardia Nacional. Fue totalmente comprobado», explicó Rosa Chávez.

Con el fin de la guerra civil en 1992, la Guardia y la Policía de Hacienda fueron declaradas proscriptas por múltiples violaciones a los derechos humanos.

«¿Cómo es posible que un país de gente cristiana haya matado a 20 sacerdotes?», se preguntó el cardenal. Télam

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